Por qué nos ahogamos en las emociones?

ahogarse600Uffff! A quién no le ha pasado? Sentimos que nos zambullimos en una piscina de rabia, de pena, de frustración, de lo que sea! Y entonces esa emoción nos envuelve, toda nuestra realidad se va tiñendo con ella y pareciera que no podemos dejar de sentirla. Por qué nos pasa eso? Y qué podemos hacer para que nos pase menos o no nos pase?

Vamos a entender que la emoción en general es una respuesta a algo que ocurre en el medio o en nosotros mismos, es relativamente corta y casi instantánea. Ocurre muy rápida, no la pensamos, no decidimos sentirnos de una u otra manera. Y además trae un componente fisiológico, es decir, se segregan sustancias químicas que generan sensaciones físicas, nos da frío, calor, se nos paran los pelos, sudamos, etc. Se dice que esta experiencia dura 90 segundos (que es lo que demoran en metabolizarse estas sustancias). El resto del tiempo, en general estamos experimentando el “aura” de la emoción, que está mucho más relacionado con aspectos cognitivos, lo que pensamos, y a veces re-pensamos, de la experiencia.

Como personas somos seres lingüísticos, le ponemos palabras a nuestra realidad, y cuando experimentamos esta respuesta, buscamos nombrarla, entenderla, darle un sentido coherente con que le pensamos desde antes, con nuestras ideas previas, con nuestros esquemas mentales. Cuando este proceso se vuelve demasiado extenso o cuando no logra ser exitoso, nos sentimos envueltos por la emoción, no permitimos que fluya. Habitualmente, repetimos la experiencia una y otra vez en nuestra cabeza, recreándola y permitiendole crecer y hacerse más “fuerte”, creando una masa de la que no podemos salir con facilidad.

 

aflote600Cuando ya me siento así, lo mejor es calmarse, recordar que la emoción ya tuvo su tiempo, que debo dejarla fluir y quedarme con el aprendizaje de ella, tomar decisiones de aquí en adelante considerándola. No patalear ni pelear contra ella (así sólo nos hundimos más), sino que aceptarla y relajarnos para salir a flote, para mirar desde arriba.

La comparación de las emociones con el agua tiene un sentido. El agua representa nuestras emociones, que son fluidas, que son necesarias para la vida, que son factibles de controlar si queremos, pero que pueden desbordarse si no se sabe hacerlo. Podemos disfrutar de lo que nos entrega, de cómo nos nutre, pero si aumenta en demasía puede llegar a dañarnos, por eso debe fluir.

Recordemos siempre que todo lo que estamos viviendo, que la emoción sentida, pasará.. Lo bueno y lo malo pasan, por eso debemos permitir que aquello que no nos agrada fluya de manera más fácil y también aprovechar los momentos gratos al 100%. Las emociones son parte de nosotros, debemos darle el espacio de expresión y atenderlas, pero no son nuestro todo. Las podemos disfrutar como un bello día de piscina 😉

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Cuándo acepto? Cuándo me conformo?

aceptar600Nuestra sociedad nos estimula constantemente a esforzarnos, a no conformarnos con lo que hay e ir más allá… Al trabajar nuestra espiritualidad se nos habla del aceptar, de continuar con lo que tenemos e incorporarlo a nuestro andar… Entonces, qué hacer? Cuando enfrentamos alguna situación que no nos agrada, la aceptamos? o nos esforzamos por cambiarla?

Lo primero en tener en cuenta, es cuánto de esta situación es modificable por mí. Si es algo que depende 100% de mi persona, entonces la respuesta es trabajar por hacer que cambie, esforzarnos todo lo que podamos por que sea distinto. Pensemos que si nuestras acciones y patrones de pensamiento nos han llevado a encontrarnos en esa posición, nosotros podemos actuar y pensar distinto para generar una realidad diferente.

Si en cambio, la situación está absolutamente fuera de mi control, es el momento de trabajar la aceptación. De observar lo que la vida me regala (recuerden el recibir) y entender que es la materia prima con la que puedo construir mi futuro, incluso cuando no sea lo que yo quiero. Como la mayoría de circunstancias que enfrentaremos no son blanco o negro, podemos ir evaluando cuánto puedo modificarla para mi bienestar y aceptar aquello que no. Siempre podemos hacer esfuerzos por generar cambios y si vemos que estos no surgen ningún efecto, prepararnos para aceptar.

A veces, confundimos la aceptación con la resignación. La resignación nos deja un gusto mucho más amargo, una sensación de haber perdido frente a la situación. Cuando aceptamos, somos capaces de ocupar toda esa energía en nuevas formas de ser feliz, crear alternativas para mi vida y logramos sentirnos más tranquilos. Como dice el Dalai Lama: “Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar.”

Lo importante siempre es mantener equilibrio, cuidar mi energía, no malgastarla en acciones que no me reportarán nada a cambio, ni siquiera paz interior.

Y tu.. estás preparado para trabajar la aceptación?

Cómo tomar buenas decisiones

DecisionesCuando vi este texto en facebook hace unos años, lo encontré genial. Y desde entonces le he puesto harto énfasis a la toma de decisiones, tanto personal, como en mi trabajo con pacientes.

Para comenzar, sepamos que tomamos decisiones constantemente. Todos los días, a cada momento. Lo olvidamos porque hemos disfrazado nuestras decisiones de obligaciones y deberes: “Tengo que levantarme a las 6.30 para llegar al trabajo”, “Tengo que terminar mi carrera”, “Tengo que cuidar a mis padres”

decisionEn realidad, deberíamos decir “Decido levantarme a las 6.3o para llegar a mi trabajo”, “Decido terminar mi carrera”, “Decido cuidar a mis padres”. A lo largo del tiempo hemos sabido de gente que decide no hacer estas cosas, y el resultado es que tiene una vida diferente, no mejor, no peor… diferente. Yo decido hacer estas cosas porque creo que es lo correcto, porque es lo que quiero, por miedo, etc.

Si ya sabemos que decidimos siempre, ahora corresponde conocer qué es una buena decisión. Una buena decisión no se mide por su resultado, si no que por el adecuado proceso en la toma de decisión. A veces, las mejores decisiones nos llevan a resultados que no esperábamos, por ejemplo cuando este resultado depende de otros factores.

Por otro lado, una buena decisión no es la misma para todos, no existe la receta perfecta.. cambia cuando tengo otras circunstancias de vida o cuando mi objetivo de vida es diferente. Si yo quiero formar una familia mis decisiones serán distintas que alguien que quiere pasar su vida viajando por el mundo.

Pero, en fin.. Luego de tener esto en mente, volvemos a la pregunta inicial… Cómo tomar buenas decisiones? Lo principal es tener claro qué quiero yo, qué quiero de mi vida, como quiero que sea mi vida de aquí a 5 años, a 10 años… Cuando ya lo sé y lo tengo definido, lo visualizo como un objetivo, como un destino al que quiero llegar, y cada decisión que venga de ahí en adelante la evalúo según me acerque o me aleje de mi destino. Esta será la línea principal que me ayudará a decidir.

hacialafelicidadSi veo que la decisión me acercará a mi destino, queda evaluarla con la cabeza y el corazón. Verifico que mi mente y mis emociones queden tranquilas con ella. A veces, la dificultad es que cabeza y corazón no se ponen de acuerdo, quieren cosas distintas. En esos momentos es útil ponerlos a conversar y que cada uno de sus argumentos, mientras yo actúo como juez imparcial, mi esencia es más que ambos combinados y muchas veces es más sabia de lo que suponemos.

Por último, no olvidemos que lo importante es saber porqué estoy tomando una decisión determinada, qué es lo que me mueve hacia allá, incluso cuando parezca incorrecto, aunque sea la pena, la culpa, el miedo. Cuando reconozco estas emociones como mi motor, tengo medio camino recorrido para poder cambiarlo en algún momento. Cuando no lo hago, me encuentro ciego frente a esta realidad y las decisiones que le sigan serán tomadas sin conciencia.

Disponerse a recibir

recibir600Habitualmente al trabajar en nuestro crecimiento personal, en nuestra espiritualidad, se recalca el acto de dar libremente. Amar a otros, ser amables, generosos, sin esperar nada a cambio… de esa manera nos hacemos más libres. También practicamos pedir al Universo o a la divinidad lo que necesito, aprendemos a decretar para construir nuestra realidad de la forma que deseamos.

Sin embargo, creo que nos cuesta mucho más recibir. Recibir lo que la vida nos entrega cada día para continuar aprendiendo. Constantemente rechazamos ayuda, oportunidades e incluso muestras de cariño, porque no son exactamente lo que queremos, nos volvemos rígidos y sentimos que aceptarlo es “perder” o “rendirse”.

Todo lo que llega a nosotros es un regalo, sea de la forma que queremos o no, lo merezcamos o no, y rechazarlo es decirle a la vida que no queremos que nos entregue nada.. a la larga nos vamos quedando más vacíos y más cortos de experiencias… nos volvemos menos creativos, menos flexibles y menos felices. Y lo que importa en definitiva no es el regalo en sí, si no lo que yo logro hacer con él, como lo aprovecho y utilizo para seguir avanzando en mi camino, seguir aprendiendo.. y ser mejor.

Los invito a reflexionar sobre algo que no estén aceptando en sí mismos o en su vida, y obsérvenlo envuelto en papel de regalo, con un gran cinta y una etiqueta con su nombre.. decidan sacar el mejor provecho de él.

Después de la enfermedad

enfermo600Estar enfermo.. qué cosa más desagradable! Habitualmente queremos que pase pronto y poder volver a sentirnos bien como antes. Pero, es bueno volver a sentirnos igual que antes???

En general, nuestra cultura occidental enfrenta la enfermedad cómo algo ajeno al cuerpo que se instala en él, hace que funcione mal y nos entregue ciertos síntomas que pueden ser molestos o no (algunos ni se sienten). Sin embargo, cuando aceptamos una visión más holística de nosotros mismos, se hace presente que la enfermedad es un aviso de que no estamos bien, algo hemos estado haciendo o permitiendo para que la enfermedad logre evidenciarse como un mensaje de alerta de nuestro cuerpo para que nos detengamos y revisemos en nosotros mismos qué está pasando. Es decir, la enfermedad es una maestra que nos señala un comportamiento, patrón de pensamiento o de sentir inadecuados.

El periodo de enfermedad es un tiempo de reposo y de reflexión interna, incluso es natural que uno quiera estar solo y descansar. Por lo tanto, el ideal es que pasada la enfermedad no sigamos siendo los mismos de antes, sino que ésta nos haga pensar en cambios y aplicarlos a nuestra vida para mejorar cada día. No aspiremos a ser igual, sino que mejor!

Ojo que esto no significa que no acudamos al doctor o tomemos medicamentos de ser necesario. Hay que reconocer cuando la enfermedad se sale de control (muchas veces por no haber sido escuchada a tiempo) y se necesita ayuda externa. Debemos mantener un equilibrio… Los medicamentos que controlan los síntomas nos ayudan a sentirnos mejor y por tanto, pensar mejor.

Ahora que se viene el invierno y las bajas temperaturas, las enfermedades se hacen más presentes y es un buen momento para adoptar esta forma de enfrentarlas.


El Hilo
de Ariadna

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